UN OCUPA AMPARADO POR LA LEGALIDAD
De imprevisible edad 'Bidru Khiminis' luce un aspecto agradable y es educado. Por su nombre se diría que es árabe si bien, como nunca hablé con él ignoro su acento o costumbres más allá de la percepción visual por lo que puede ser español nacido aquí pero de origen árabe. De cualquier modo vino al barrio hace diez años ocupando una de las escasas viviendas de renta baja de las que el Estado pone a disposición de los ciudadanos que pasan por dificultades. Son viviendas que se conceden a personas con falta de recursos que carecen de propiedades y con pocas posibilidades de integrarse en el mercado de la vivienda por si mismos debido a circunstancias de carácter temporal o permanente, siendo motivo constante de conversación, la escasez en el mercado de este tipo de soluciones.
La lista de espera para acceder a ellas es tremenda y los jóvenes con ganas de independizarse esperan día tras día que el Estado ponga en marcha mas viviendas así mientras contemplan como, prácticamente desde el principio, 'Bidru Khiminis' se ha limitado a acondicionar la vivienda y pagar las rentas religiosamente sin pernoctar en la misma.
Es todo un misterio. Algunos han interrogado a inspectores de la Consejería por el asunto pero no obtienen información que aclare dudas sobre las razones que puedan mover al Estado para mantener una vivienda alquilada a alguien que tiene el tema del techo resuelto.
Aproximadamente cada dos meses alguien pasa a recoger la correspondencia y se ocupa de que el Ministerio de la Vivienda no tenga quejas que motiven la cancelación de su contrato pues aunque es sabido que en ocasiones por razones de trabajo se permiten ausencias a vecinos que han de desplazarse a otra comunidad para campañas de la fruta, por ejemplo, no es tan normal que la vivienda esté desocupada por periodos tan dilatados, sobre todo, teniendo en cuenta que, cada cinco años, los contratos se revisan para comprobar si las condiciones económicas de los inquilinos han sufrido algún cambio que de lugar a la revocación de los contratos.
Un usuario de silla de ruedas comentaba que él, para acceder a la vivienda adaptada que la comunidad ponía a su disposición junto a la de este vecino tuvo que acreditar ante funcionarios del Ayuntamiento y de la Consejería de la Vivienda no sólo que carecía de recursos sino también que la vivienda de alquiler en que residía hasta el momento de la solicitud era inaccesible, por lo que no sale de su asombro viendo que este hombre, que evidentemente dispone de otro techo, por el simple hecho de seguir pagando las rentas, nadie se plantee que otros están pendientes de un lugar donde quedarse. Entonces, intervino otro vecino que dijo no haber podido evitar escuchar la conversación.
Lo que hay que hacer es asaltarla. -Decía y añadió-.
Yo residí en un barrio en el que algunas mujeres se metieron en las viviendas cerradas pendientes de asignación asaltándolas y haciéndose fuerte en ellas, hoy, después de 30 años, las viviendas son suyas.
-Y siguió diciendo-.
Además, mi suegra dice que una vecina de ella que tenía dos pequeños y al marido convaleciente por enfermedad coronaria forzó la cerradura y se metió en un piso como este en el que la adjudicataria vivía con su hijo desde que enviudó limitándose a pagar la renta y los gastos de escalera por si un día un nieto la necesitaba. Un día que pasó por allí y vio que se había metido esta familia, denunció en Consejería donde dijo que se habían apropiado de su vivienda y pertenencias aprovechando que pasaba unos días con su hijo pero otros vecinos acudieron en favor de la chica y declararon que efectivamente la viuda no vivía allí desde que su marido murió un año atrás. Posteriormente un juez ordenó le dieran otra vivienda antes de echarla a la calle y le adjudicaron la misma que había ocupado. Si hicieran aquí lo mismo esto se arreglaba.
