LA HISTORIA DE JUANA
Juana tiene 43 años y un buen aspecto, siempre limpia y aseada, es atractiva pero su sufrimiento la ha llevado más allá de la edad que dice su carné de identidad. Juana es soltera, siempre vivió arrimada a José que está en la cárcel cumpliendo condena de cinco años, ya cumplió dos y cree que saldrá de permiso dentro de un par de meses. Ella le estuvo guardando ausencia hasta ahora porque su José es de los que se rigen por la ley no escrita de “sino eres pa mi, no eres pa naide”, pero la carne hace estragos y no hace mucho se arrimó a un hombre, además ella también necesita alguien que la proteja de su hijo, el Josué, la pegó hace poco, no es como antes, ya no es un niño al que dar un par de azotes.
Antes deseaba que José volviera de la cárcel pero ahora tiene miedo porque ya llegaron a la prisión ecos de su adulterio. Tienen otro hijo al que apodan “El Chato” que tampoco la respeta. Hace lo que quiere, todavía no la levantó la mano pero la chilla y pasa de todo. Seguro que terminará en el reformatorio como Josué, ella les dice a las asistentes sociales que no puede con ellos. ¿Si tuviera un hombre al lado? El de ahora, de hacer algo, lo hace por el alcohol pero nada más.
Juana consta a todos los efectos legales como madre soltera con dos hijos a cargo, el José mandó mucho para no contar pero el sistema mira para otro lado. Cobra entre salario social y otras ayudas, unos 700 euros y, en teoría paga por la vivienda social que la techa unos 15 euros aunque la realidad es que lo debe hasta que la deuda sube lo suficiente como para que amenacen con tirarla del piso y las asistentes se busquen la vida para conseguir el dinero y evitar que lo hagan. Cuando vino al barrio lo hizo como otros tantos al amparo de una orden de realojo urgente para familias en precario aun cuando su expediente metía miedo. Para sus vecinos venía una madre soltera con dos menores pero con ella vino mucho más y peor.
Una de las últimas veces en que su hijo Josué se fugó del reformatorio, probablemente acompañado de su hermano, entraron en una nave, echaron abajo los fluorescentes para robar unos metros de cable por los que sacaron apenas 30 euros que al día siguiente gastaron en porros y cervezas. Josué, a pesar de su chulería y su metro noventa es menor porque aún no cumplió los 18 y somos muy meticulosos con eso.
