QUE MAL LO ESTAMOS HACIENDO
Programas de TV tipo 'Callejeros' han puesto en horas de máxima audiencia la vida y el transcurrir de estos barrios y sus miserias, la suciedad que les rodea, el aparente desamparo, su mala educación, la droga..., lo hacen con tanta frecuencia y asepsia que deja impreso en el cerebro de los televidentes la conformidad como pretexto para no hacer nada que lo evite. Sin embargo para alguien que vive a diario en ellos la lectura es diferente. Creo resultará difícil encontrar otro escenario donde los gestores sociales demuestren peor calidad y lo pienso hasta el punto de que una de mis frases preferidas es 'que mal lo estamos haciendo, coño'.
Estos barrios muestran una tendencia natural aciaga lo que no quiere decir que no se trabaje, que todo el mundo esté ocioso. De hecho el 85% es trabajador por cuenta ajena o autónomo y el resto está aparentemente ocupado, van de aquí para allá, trapichean, recogen materiales desechados para vender por poco dinero, otros trabajan la chatarra y hay quien cree que viven de ello pero ese 'ello' apenas financia el tabaco, la cerveza y unos litros de gasolina.
Un paisano mal educado y sucio que calzaba gorra de beisbol, gafas de sol y barba de cuatro días, con pinta de no haber dado palo al agua en su vida, porque al trabajador se le adivina un 'pedigree' definible del que este carecía, decía mirando a la cámara: “aquí!, aquí!, es donde está la crisis, esto lo tiene que arreglar Zapatero que es un hijo de su madre” y quizá tenga razón sin saberlo, porque la izquierda ha permitido que esto se haya ido fraguando mientras la derecha que sólo piensa en aislar el problema por razones de seguridad, colabora en la formación de guetos. Ya hay barrios en Andalucía o Madrid donde la policía se lo piensa dos veces antes de entrar, donde para practicar algo tan sencillo como un desahucio o un registro por tráfico de drogas tiene que acudir un regimiento y normalmente no consigue el objetivo previsto. Comentaba Segura, un policía amigo mío, ¿para lo que gano, me la voy a jugar con 47 años?
Que las cosas no transcurran por estos derroteros supone poner más dinero y todas las administraciones logran llegar a la conclusión de que no hay más pasta que la que hay porque otros capítulos reclaman también atención pero lo cierto es que se corregiría mucho si un cuerpo de inspección se ocupara de vigilar la correcta distribución de los fondos económicos que se destinan y acaso hasta se financiara evitando el derroche innecesario. Los vagos y maleantes pero también los parados in-extemis se reproducen y sus retoños, lejos de cambiar, copian hábitos con lo que el futuro se nos depara incierto e inseguro.
Juanito, un chava del barrio que ronda los 16 años comentaba con sus compañeros días pasados que en cuando cobrara la beca dejaba el instituto. El otro decía si, que te crees tu eso, a mi hermano, al final no se la dieron porque dicen que faltó. Si -añadía este- pero yo voy a ir hasta que ingresen el dinero a mi padre en la cuenta y después no vuelvo. Llegado ese momento, intervine en la conversación: Y, ¿de qué piensas vivir si no te formas, si no aprendes en el instituto? Pues, de trabajar en la chatarra como mi tío -respondió riendo-.
